Trabajar los vínculos en Gestalt



No hay proceso sin vínculo



Cuando hablamos de vínculos saludables no hablamos de relaciones perfectas, cómodas o siempre agradables. Tampoco hablamos de llevarse bien con todo el mundo, evitar el conflicto o sostener una armonía aparente donde nadie se atreve a decir lo que realmente ocurre.

Un vínculo saludable no es aquel en el que nunca pasa nada difícil. Es aquel en el que lo difícil puede ser atendido, sostenido y transformado sin que la relación tenga que romperse ni nadie tenga que desaparecer.

En nuestra formación damos mucha importancia a esto: aprender a generar y sostener vínculos lo más saludables posibles. No como una técnica relacional ni como una habilidad social más, sino como una forma de estar en contacto con otros con más presencia, más conciencia y más responsabilidad.



Porque no hay crecimiento sin vínculo y no cualquier tipo de vínculo ayuda a crecer.



Hay vínculos que nos permiten abrirnos, mostrarnos, confiar, confrontarnos y descubrir formas nuevas de estar en relación. Y hay vínculos que, aunque parezcan intensos o importantes, nos dejan atrapados en lo conocido. Por ejemplo en la dependencia, en la complacencia, en el control, en la retirada, en la necesidad de aprobación, en el miedo al rechazo o en el personaje que hemos aprendido a sostener para no sentirnos en peligro.

Nos vinculamos desde nuestra historia. Desde lo que aprendimos que era amar, cuidar, pedir, recibir, defendernos, callar, insistir, complacer o retirarnos. No llegamos neutros a las relaciones. Llegamos con nuestras heridas, nuestras defensas, nuestras expectativas, nuestros miedos y nuestras formas más o menos conscientes de buscar seguridad.

Esto se ve con mucha claridad en las relaciones de pareja. A veces, lo que llamamos amor está mezclado con el miedo a perder, el deseo de que me elijan, la dificultad para vivir la soledad, el deseo de reparar una historia antigua o la tendencia a ocupar siempre el mismo rol. A saber, el que salva, quien reclama, quien se adapta, quien se distancia, quien persigue, quien evita, quien se sacrifica, quien controla. La pareja puede ser un espacio de crecimiento enorme y también puede convertirse en el lugar donde más repetimos nuestros automatismos vinculares.

Por eso, aprender sobre vínculos no significa aprender una teoría sobre el apego o la relación.



Significa empezar a observar cómo me vinculo yo.



Qué me pasa cuando alguien se acerca. Qué hago cuando necesito algo. Cómo reacciono cuando no me ven. Qué ocurre cuando aparece un límite. Qué proyecto en quien tiene autoridad. Cómo vivo el desacuerdo. Qué hago con la admiración, con la envidia, con la dependencia, con el rechazo, con la intimidad o con el miedo a decepcionar. Cómo manejo el poder en la relación.

En la Formación en Terapia Gestalt,el grupo se convierte en un campo vivo donde todo esto puede aparecer. No sólo hablamos de vínculos, nos observamos en él. Con los compañeros, con los docentes, con la autoridad, con la diferencia, con el conflicto, con la pertenencia, con el deseo de ocupar un lugar propio. Ahí empieza una parte importante del aprendizaje.

Un vínculo saludable necesita presencia. Estar de verdad, no sólo cumplir un rol específico. Necesita escucha, para recibir al otro sin invadirlo con nuestras interpretaciones. Necesita límite, para poder acercarnos sin fusionarnos y separarnos sin abandonar. Necesita honestidad, para no sostener relaciones falsas. Necesita cuidado, para que la verdad no se convierta en descarga. Y necesita responsabilidad, para reconocer qué pongo yo en la relación, qué espero, qué evito y qué actúo sin darme cuenta.

También necesita reparación. Porque en todo vínculo real hay desencuentros que lo van ensuciando. Hay malentendidos. Hay momentos en los que no vemos al otro, o no nos sentimos vistos. Hay heridas que se activan. Hay palabras que llegan tarde o salen torcidas. Hay silencios que pesan. Un vínculo sano no es el que evita todo esto, sino el que puede encontrar una forma de volver, nombrar, ajustar y seguir creciendo.

En este sentido, la formación no busca que el alumnado aprenda a crear vínculos “bonitos”, sino vínculos verdaderos. Vínculos donde pueda haber confianza sin dependencia ciega. Cercanía sin invasión. Confrontación sin humillación. Cuidado sin salvación. Diferencia sin ruptura. Pertenencia sin pérdida de identidad.

Aprender a vincularse es aprender a sostener el yo, el tú y el nosotros. Si sólo existe el yo, el vínculo se vuelve defensa, autosuficiencia o control. Si sólo existe el tú, aparece la complacencia, la dependencia o la desaparición de uno mismo. Si sólo existe el nosotros, corremos el riesgo de confundir vínculo con fusión.

El trabajo está en poder estar con otros sin perder el contacto con uno mismo. Y en poder estar con uno mismo sin romper el contacto con los otros.

Eso tiene consecuencias personales y profesionales. Quien trabaja con personas necesita revisar cómo se vincula. Aprendiendo sobre sí para descubrir desde dónde escucha, desde dónde acompaña, desde dónde confronta, desde dónde cuida, desde dónde pone límites, desde dónde necesita ser reconocido o sentirse imprescindible.



Porque el vínculo no es algo secundario en los procesos. Es la parte y el todo.



En un vínculo suficientemente cuidado pueden abrirse oportunidades de crecimiento para todas las partes implicadas. No todas ocupan el mismo lugar ni tienen la misma responsabilidad, pero todas quedan afectadas por el campo que se crea. Un buen vínculo no sólo sostiene, también transforma.

Por eso, en Nelintre entendemos nuestra formación como un espacio donde aprender a estar en relación de otra manera. Una manera que no se sostiene sólo en la buena intención, sino en la presencia, en la claridad del límite, en la escucha real del otro y en la posibilidad de reparar cuando algo del vínculo se rompe o se empobrece.

Formarse en Gestalt no es sólo aprender a acompañar procesos. Es aprender a generar vínculos donde pueda haber contacto real. Vínculos en los que la relación no anule la diferencia, y la diferencia no tenga por qué romper la relación.



Referencias



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Gómez Costa, O. (2019). El vínculo afectivo y el apego en la relación terapéutica [Tesina, Asociación Española de Terapia Gestalt].

Heras Sopena, D. (2018). El vínculo terapéutico: Una mirada gestáltica [Tesina, Asociación Española de Terapia Gestalt].

Iserte Aznar, G. (2024). El sostén, la huella de lo vincular: Aspectos relacionales en la terapia Gestalt [Tesina, Asociación Española de Terapia Gestalt].

López Martínez, G. (2024). Vínculo y apego en la pareja desde un enfoque gestáltico: Una propuesta de trabajo a través del teatro terapéutico [Tesina, Asociación Española de Terapia Gestalt].

Podestá Castro, M. (2019). Vincŭlum: Vínculo y relación – Salud y disfunción. Una perspectiva gestáltica [Tesina, Asociación Española de Terapia Gestalt].

Rodríguez Minguela, M. del R. (2020). Percepción del vínculo terapéutico en la Terapia Gestalt: Una mirada desde el cliente [Tesina, Asociación Española de Terapia Gestalt].





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